ANECDOTA DE OSCAR CACUANGO.
Recuerdo
que para enseñarnos un experimento de filtración
del agua a nosotros sus alumnos que nos encontrábamos desinteresados en la
clase, mi profesor de quinto sexto y séptimo año agarro una jarra de vidrio normal
y la puso arriba de la mesa. Luego sacó varias de rocas del tamaño de un puño y
comenzó a votarlas todas dentro de la jarra antes mencionada. Cuando la jarra estaba llena hasta el tope, nos preguntó:
¿Está llena esta jarra?
Todos nosotros dijimos: ¡Sí!
Entonces preguntó:
¿Están seguros?
Y sacó de debajo de la mesa una caja con piedras más
pequeñas. Echó algunas de esas piedras en la jarra y la sacudió haciendo que todas
piedras pequeñas se acomodaran dentro de
la jarra. Cuando terminó, preguntó una
vez más:
¿Está llena esta jarra?
Uno de mis
compañeros dijo:
Probablemente
no.
Nuestro profesor dijo: Muy bien.
Y sacó de debajo de la mesa un balde lleno de arena y
empezó a echarlo en la jarra. y una vez más preguntó nos preguntó.
¿Está llena esta jarra?
Esta vez casi todas las personas respondieron: ¡No!
Una vez más el profesor dijo: ¿Cuál creen que es la
enseñanza de este experimento?
Nadie dijo nada y el mismo se respondió:
Lo que este experimento nos enseña es que si no pones
las piedras grandes primero, va a ser difícil colocarlas más tarde.

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